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Explicador · desorden informativo

Qué es el desorden informativo y cuál es su intención

El marco de Wardle y Derakhshan: tres tipos, tres elementos, tres fases y cuatro motivos.

Folio 007

El desorden informativo es el nombre con el que Claire Wardle y Hossein Derakhshan agrupan en 2017 los contenidos que dañan el debate público: los falsos y los verdaderos usados para hacer daño. Su informe «Information Disorder: Toward an interdisciplinary framework for research and policymaking», encargado por el Consejo de Europa, propone un vocabulario más preciso que «noticias falsas» y un marco para analizar cada caso. Este explicador resume ese marco y responde la pregunta que da título a la página: cuál es la intención detrás de cada tipo.

Qué es el desorden informativo

El informe separa tres tipos de contenido:

  • Información errónea (misinformation): información falsa, creada sin intención de causar daño.
  • Desinformación (disinformation): información falsa creada deliberadamente para dañar a una persona, un grupo social, una organización o un país.
  • Malinformación (malinformation): información basada en hechos reales, usada para infligir daño a una persona, organización o país.

«Desorden informativo» es el conjunto: los tres tipos y las condiciones que facilitan su circulación. La clasificación se explica con un cuadro de dos ejes en la guía sobre desinformación en Colombia.

Tres elementos: agente, mensaje e intérprete

El informe propone considerar cualquier ejemplo de desorden informativo en tres elementos. El agente es quien crea, produce o distribuye el contenido. El mensaje es lo que se comunica, en cualquier formato: texto, imagen, audio, video. El intérprete es quien lo recibe, lo entiende a su manera y decide si lo comparte. La intención se mide en el agente; el efecto, en el intérprete. Una misma pieza puede tener un agente con intención de dañar y miles de intérpretes que la reenvían sin ninguna.

Los tres elementos del desorden informativoAgente, mensaje e intérprete.Tres elementosAgentecrea, produce o distribuyeMensajetexto, imagen, audio, videoIntérpreterecibe y decide compartir
Los tres elementos del desorden informativo.

Tres fases: creación, producción y distribución

Los autores sostienen que también es productivo pensar la vida de un ejemplo en tres fases: la creación del mensaje, su producción como producto de comunicación y su distribución. Un mismo actor no tiene por qué intervenir en las tres: quien inventa un rumor puede no ser quien lo convierte en un video ni quien lo difunde en redes. Separar las fases ayuda a ubicar dónde se puede intervenir, y es la razón por la que los equipos de verificación documentan la ruta de un contenido y no solo su veredicto.

Las tres fases del desorden informativo con un ejemploCreación, producción y distribución, ilustradas con un caso hipotético.Tres fases1Creaciónalguien inventa el texto2Producciónse convierte en video3Distribuciónse comparte de buena feEjemplo hipotético.
Las tres fases, con un ejemplo hipotético.

Cuál es la intención: cuatro motivos

El informe identifica cuatro factores que pueden motivar a un agente:

  • Financiero: obtener ingresos con la publicidad que acompaña a contenidos virales.
  • Político: desacreditar a un candidato en una elección u otros intentos de influir en la opinión pública.
  • Social: conectar con un grupo, en línea o fuera de ella.
  • Psicológico: buscar prestigio o refuerzo.
Los cuatro motivos de quien crea desorden informativoFinanciero, político, social y psicológico.Cuatro motivos posiblesFinancieroingresos por publicidadPolíticoinfluir en la opiniónSocialconectar con un grupoPsicológicoprestigio o refuerzo
Los cuatro factores que pueden motivar a un agente, según el informe.

Estas motivaciones se aplican al agente que crea o difunde. La información errónea, por definición, carece de ánimo de dañar, de manera que su circulación tiene que ver sobre todo con los intérpretes y sus hábitos de reenvío. Por eso comprobar el origen, la fecha y la existencia de otras fuentes antes de compartir, como se describe en la guía, reduce una parte del problema aunque no se pueda conocer la intención de quien empezó.

Un ejemplo hipotético aplicado a los tres elementos y las tres fases

El ejemplo siguiente es inventado para mostrar el marco. No describe hechos reales.

  • Creación. Un agente con motivación financiera inventa una supuesta cura milagrosa y redacta un texto alarmista. El mensaje es falso y se creó para obtener clics.
  • Producción. Otra persona, que no conoce al primer agente, convierte el texto en un video con imágenes y una voz que lo hacen parecer informativo. Aquí el mensaje cambia de formato y gana credibilidad aparente.
  • Distribución. Miles de intérpretes lo reciben, lo creen y lo comparten con su círculo, sin ningún ánimo de dañar. Algunos lo comentan para advertir a otros, y con eso también lo amplifican.

En un solo caso hay un agente con intención (financiera), otro que produce sin saber el origen y miles de intérpretes que difunden de buena fe. Esa mezcla es lo que hace difícil hablar de «culpables» únicos y explica por qué el informe separa los tres tipos y las tres fases: cada punto de la cadena admite una intervención distinta. Se puede actuar sobre el agente (por ejemplo, retirando la publicidad que financia el contenido), sobre el formato (marcando el contenido como dudoso) o sobre los intérpretes (educándolos para que comprueben antes de compartir).

Qué sugiere cada motivo

Conocer la motivación ayuda a anticipar el comportamiento del agente. Un motivo financiero se asocia con contenidos pensados para producir tráfico, y con titulares que apelan a la emoción. Un motivo político apunta a momentos concretos, como una elección, y a objetivos concretos, como una candidatura. Un motivo social se parece a la pertenencia: se comparte lo que identifica al grupo. Un motivo psicológico remite al prestigio de ser quien «sabe» primero. Estas lecturas son hipótesis de trabajo: en un caso real, la intención rara vez se conoce con certeza y se infiere a partir de patrones.

Dónde aparece en la vida cotidiana

El desorden informativo no se limita a las noticias. Colombiacheck recuerda, en su explicador de 2019, que el problema abarca memes, cadenas de WhatsApp, audios, imágenes manipuladas y rumores. Esos formatos tienen en común que son fáciles de reenviar y difíciles de rastrear hasta su origen. Un audio de 40 segundos sin autor identificable circula con más soltura que un artículo con firma, y una imagen sin pie de foto puede asociarse a muchos hechos distintos. Por eso las técnicas de verificación individual, como la lectura lateral o la búsqueda inversa de imágenes, se centran en recuperar el contexto que el formato ha perdido.

Ocho preguntas para analizar un caso

  1. ¿El contenido es falso, verdadero o mixto?
  2. ¿Se ve una intención de dañar? ¿A quién?
  3. ¿Quién parece ser el agente (quien lo creó)?
  4. ¿Cómo se presenta el mensaje: texto, imagen, audio, video?
  5. ¿Quiénes son los intérpretes, es decir, quién lo recibe y lo comparte?
  6. ¿En qué fase está: creación, producción o distribución?
  7. ¿Cuál de los cuatro motivos (financiero, político, social, psicológico) es plausible?
  8. ¿Qué se puede comprobar y con qué fuentes?

Las preguntas no producen una respuesta automática, pero ordenan el análisis y evitan dos errores: tratar como malintencionado lo que es un error de buena fe, y tratar como inocente lo que es una campaña.

Términos que conviene no confundir

  • Desinformación y desorden informativo. La primera es uno de los tres tipos; el segundo es el conjunto.
  • Información errónea y desinformación. La diferencia es la intención de dañar, no la falsedad.
  • Malinformación y verdad. Un hecho real puede ser malinformación si se usa para dañar; que sea verdadero no lo hace inocuo.
  • Infodemia y desorden informativo. La infodemia, según la OMS, se refiere a la sobreabundancia de información durante un brote; el desorden informativo es el marco general de Wardle y Derakhshan.

Qué es y qué no es este marco

El marco de Wardle y Derakhshan es una herramienta de análisis, no una definición jurídica. No establece qué contenido es ilegal ni qué debe retirarse. En Colombia, las consecuencias jurídicas de cada caso dependen de las normas sobre libertad de expresión, datos personales y delitos informáticos, que se resumen en la sección de derechos digitales. Tampoco es una receta única: algunos casos reales combinan tipos, y la intención puede cambiar de una fase a otra.

La utilidad del marco está en el vocabulario. Al llamar a cada cosa por su nombre se evita tratar del mismo modo el rumor reenviado de buena fe y la campaña organizada para dañar, que requieren respuestas distintas. Esa precisión, además, evita dos errores de lectura frecuentes: llamar «mentira» a todo lo dañino, aunque sea verdadero, y llamar «error» a lo que alguien fabricó a propósito. Es el punto de partida del trabajo de verificación que se describe en la página sobre fact checking.

Cómo se reconoce cada tipo en la práctica

Para decidir de qué tipo es un contenido hay que responder dos preguntas independientes. La primera: ¿lo que dice es falso, verdadero o está mezclado? Se contesta con la comprobación de hechos. La segunda: ¿hay intención de dañar? Es más difícil de responder porque no se ve en el contenido: se infiere del contexto, de los patrones de difusión y de quién se beneficia. Cuando no se puede establecer, es más honesto decir que se trata de un contenido falso o dañino de intención desconocida que clasificarlo con seguridad como desinformación. Esa cautela es coherente con la práctica de las organizaciones de verificación, que describen la ruta y reconocen sus límites, y con la categoría «Inchequeable» de Colombiacheck.

Vocabulario relacionado

La infodemia es un término vecino: la OMS lo usa para la sobreabundancia de información, incluida la falsa, durante un brote de enfermedad. «Noticias falsas» designa un formato concreto, según el explicador de Colombiacheck de 2019. El fact checking es la práctica de verificación pública. Todos están definidos en el glosario.

Qué hacer con este marco

El marco sirve para preguntarse tres cosas ante un contenido: si es falso o real, si hay daño buscado y quién interviene en cada fase. Las respuestas orientan qué comprobar. Un dato real usado para acosar no se resuelve con una verificación de hechos, sino con las normas de protección de datos y de intimidad que se explican en derechos digitales. Una cifra falsa sobre conectividad se resuelve yendo a la tabla del DANE, como se muestra en la página de datos.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el desorden informativo?

Es el término que usan Claire Wardle y Hossein Derakhshan, en su informe para el Consejo de Europa de 2017, para agrupar tres tipos de contenido problemático: información errónea, desinformación y malinformación, junto con las condiciones en que circulan.

¿Cuál es la intención detrás del desorden informativo?

Depende del tipo. En la información errónea no hay intención de dañar; en la desinformación y la malinformación sí. El informe enumera cuatro motivaciones posibles de quien crea estos contenidos: financiera (obtener ingresos con publicidad), política (desacreditar a un candidato o influir en la opinión pública), social (conectar con un grupo) y psicológica (buscar prestigio o refuerzo).

¿Cuáles son los tres elementos del desorden informativo?

Agente, mensaje e intérprete. El agente crea, produce o distribuye el contenido; el mensaje es lo que se comunica; el intérprete es quien lo recibe y decide qué hacer con él.

¿Cuáles son las tres fases?

Creación, producción y distribución. El informe sugiere pensar la vida de un ejemplo de desorden informativo en esas tres fases.

¿Por qué importa quién comparte un contenido?

Porque el mismo contenido puede pasar de manos de alguien que lo creó con intención de dañar a miles de personas que lo reenvían de buena fe. Por eso se distinguen la intención del agente y la del intérprete.

¿En qué se diferencia de «noticias falsas»?

«Noticias falsas» designa un formato concreto. El desorden informativo es más amplio: incluye contenidos falsos de cualquier formato y también contenidos reales usados para causar daño.

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