Juan Camilo Maldonado, director de Mutante: “Me volví emprendedor por amor al periodismo”

Pese a la crisis financiera que afecta a los medios de comunicación, la fundación Mutante apuesta por un periodismo autosostenible y que diversifica sus fuentes de ingresos. En esta entrevista, el cofundador de Mutante, Juan Camilo Maldonado, explica cómo las habilidades periodísticas pueden ser utilizadas para el emprendimiento.

 

Serie Jóvenes e Innovación Social Digital (artículo 7 de 8)

 

Aunque puede ser confundido con un medio periodístico digital, Mutante es otra cosa. En su página web no hay noticias sobre los últimos accidentes de tránsito en Bogotá ni se viralizan los pormenores de los divorcios de las celebridades. Mutante se define a sí mismo como un movimiento periodístico de conversación ciudadana. Su estrategia apuesta por el periodismo pausado, práctico y comprometido socialmente. Sus contenidos están agrupados en cuatro categorías: género, derechos humanos, emergencia climática y salud mental. Alrededor de estos temas, Mutante no solo produce reportajes sino también documentos descargables como directorios, glosarios, afiches, líneas de tiempo y manuales. Estos contenidos tienen títulos como “Cinco pasos para desactivar expresiones racistas cuando hablamos”, “Directorio de mujeres expertas en asuntos ambientales” o “Guía práctica de acción climática”. Mutante no solo es un medio de comunicación, también es una caja de herramientas, una comunidad de activistas y una organización no gubernamental. En este artículo veremos algunas de las acciones de innovación que ejecuta este emprendimiento digital para financiar sus contenidos periodísticos en un entorno de alta competencia por la atención y de difícil monetización.

 

Entrevistado en mayo del 2021 para el proyecto Jóvenes e Innovación Social Digital, Juan Camilo Maldonado, director y cofundador de Mutante, explicó que esta iniciativa busca atender varios de los problemas que aquejan al tratamiento actual de las noticias: la fragmentación, la falta de profundidad, la infoxicación, la ‘tiranía del clic’ y la polarización de los lectores y las audiencias. Para reducir el ruido del entorno informativo digital, Mutante opta por una estrategia de periodismo de largo aliento orientada hacia el diálogo, la tolerancia y la resolución de problemas. “La misión de Mutante es generar conversaciones informadas que promuevan la eliminación de la injusticia, de la desigualdad”, resumió Maldonado quien es periodista y politólogo formado en la Universidad Javeriana y máster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Salamanca. Mutante inició sus operaciones en octubre del 2018. Hoy este emprendimiento, que tiene sede en Bogotá, cuenta con un equipo de trabajo de casi 20 profesionales (la mayoría mujeres jóvenes), tiene su propia página web con dominio .org y  gestiona su presencia en Facebook (75 mil seguidores), Instagram (56 mil seguidores) y Twitter (22 mil seguidores), respectivamente.

 

Los obstáculos de emprender en el periodismo digital

 

“Yo siempre he dicho que me volví emprendedor por amor al periodismo”, resaltó Juan Camilo Maldonado mientras contaba los orígenes de Mutante. El proyecto surgió como una iniciativa de Maldonado y su colega Nicolás Vallejo para realizar periodismo alternativo, por fuera del limitado circuito tradicional de medios colombianos. Al principio, Mutante fue una división de un emprendimiento privado, la agencia Camino, que se especializa en la creación de contenidos orientados al cambio social. Luego de casi dos años de marcha, en mayo del 2021, Mutante obtuvo una personería jurídica propia –como fundación– para garantizar “el fortalecimiento ético del proyecto” y colectivizarlo. “[Queríamos] que dejara de ser un proyecto fundado por dos hombres [Maldonado y Nicolás Vallejo] y que se convirtiera en un proyecto colectivo, diverso, con mayorías femeninas y plurales”, detalló el entrevistado.

 

Estos años no han sido sencillos. Maldonado, quien ha trabajado como reportero y editor del diario El Espectador, conoce de cerca la crisis de ingresos que ha afectado en las últimas dos décadas a los medios escritos y reconoce que el tipo de periodismo que realiza Mutante es difícil de monetizar. Por ello, el emprendimiento recurrió a varias estrategias de innovación para diversificar sus fuentes de ingresos. Según su propio informe de transparencia, entre el 2018 y el 2021, Mutante recibió ingresos a través de cinco fuentes: 1) Enseñanza de cursos y talleres, 2) becas de investigación, 3) membresías y crowdfunding, 4) premios y subvenciones y 5) conversaciones patrocinadas (contenidos temáticos que son financiados por organizaciones externas). Esta última fuente, las conversaciones patrocinadas, representaron el 57,6% de los ingresos del proyecto en el 2021 (estimado de enero a octubre de ese año). Algunas de estas conversaciones han abordado problemáticas como las condiciones de trabajo de las empleadas domésticas, el abuso sexual en línea, el consumo de marihuana o el uso de la violencia durante las movilizaciones sociales. Todos los patrocinadores de las conversaciones son consignados por Mutante en su declaración de fuentes de ingresos y entre ellos figuran las organizaciones Red PaPaz, Save the Children y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). “Buscamos transformar el modelo de financiación de los proyectos periodísticos que dependen demasiado de las pautas corporativas que inciden en su agenda. (…) Nosotros le damos a los patrocinadores un documento de política de independencia y de antemano les exigimos que acepten no tener ningún tipo de control sobre nuestros contenidos”, añade Maldonado quien cree que la transparencia es un factor importante para mitigar la crisis de reputación que sufre el periodismo.

 

Según el director y emprendedor, entre las organizaciones que han subvencionado el trabajo de Mutante desde sus orígenes está la Open Society Foundations. Otra fuente de apoyo importante fueron las redes de contactos que tejieron Maldonado y Vallejo durante su carrera como reporteros y que fueron importantes para darle visibilidad al proyecto y llevar adelante actividades de fundraising. Fuera de estos actores, Maldonado tiene poco más que resaltar y percibe que el Estado ofrece pocas oportunidades a los proyectos periodísticos independientes como Mutante. “Creo que el ecosistema de emprendimiento [local] no entiende ni observa el tipo de categoría en el que nosotros estamos que es el de la activación de ciudadanía a través de la información pública. Eso hace que cada vez que veamos una convocatoria de aceleramiento no nos sintamos interpelados”.

 

Acercamientos entre el periodismo y emprendimiento

 

Debido a que no tiene formación como empresario ni administrador de empresas, Maldonado recurrió a las técnicas que aprendió en el periodismo para darle impulso al proyecto Mutante. Él resaltó, por ejemplo, que el olfato del reportero para detectar historias y temas dignos de atención se equipara con la habilidad del emprendedor para hallar oportunidades de negocios, clientes potenciales y patrocinadores con necesidades que pueden ser atendidas. Asimismo, Maldonado destacó la habilidad de los reporteros para vender sus historias en los consejos de redacción de los medios de comunicación. “Esto implica una mezcla de inteligencia, intuición, carisma, creatividad, honestidad y ética que es la misma que utilizas cuando estás vendiendo un proyecto [a un posible patrocinador]”, señaló.

 

Consultado acerca de las competencias digitales necesarias para conducir un proyecto periodístico digital en Colombia, Maldonado dijo que es importante ajustar las estrategias de comunicación de acuerdo con los canales que los ciudadanos estén utilizando más. Estas preferencias en canales, es decir, el uso de redes sociales, suelen variar con el tiempo por lo que “toca ir migrando de lugar a lugar y jugar el juego del algoritmo de la forma más adaptativa posible. No podemos crear nuestra propia red social”, apuntó. Al momento de la entrevista, Mutante había experimentado con la transmisión de sus contenidos a través de WhatsApp para llegar a más poblaciones en Colombia, sobre todo a aquellas con precarias condiciones de conectividad.

 

Pese a que el trabajo de Mutante se concentra en la web y en las redes sociales, Maldonado no considera que en su proyecto exista una orientación puramente tecnológica. Según contó, el desarrollo y mantenimiento de la página web de Mutante se terceriza a una empresa especializada mientras que el equipo interno de periodistas se encarga de elaborar los contenidos de forma intuitiva, ‘cacharreando’. “Somos una organización muy centrada en el poder del cerebro, dependiente de la creatividad y el criterio humano más allá de la sofisticación tecnológica”, dijo el entrevistado.

Orientaciones del ecosistema de innovación en Bogotá: ¿quiénes usan la tecnología para emprender?

La tecnología, los servicios de consultoría, la educación, la logística y el consumo responsable son las áreas principales en las que se mueven los actores del ecosistema local de innovación de Bogotá. En este artículo detallamos algunas diferencias y orientaciones entre el emprendimiento y el emprendimiento social.

 

Serie Jóvenes e Innovación Social Digital (artículo 5 de 8)

 

En nuestro último artículo presentamos un mapeo del ecosistema de innovación social de Bogotá que formó parte del  proyecto “Jóvenes e Innovación Social Digital”. Para elaborar el diagrama diseñamos una base de datos con 339 actores a los que agrupamos en nueve categorías: emprendimientos, emprendimientos sociales, organismos de soporte, medios de comunicación, agentes culturales, entidades de gobierno, organismos de financiamiento, promotores de capital humano y mercados. En este post mostraremos otra dimensión del mapa. Esta vez enfocaremos el análisis en las orientaciones de los servicios que ofrecen los emprendimientos y emprendimientos sociales.

 

En nuestro proyecto, la orientación es una categoría cualitativa que agrupa varios aspectos sobre la misión y objetivos de los emprendimientos. Esta categoría nos permite comprender, por ejemplo, la identidad económica y cultural de cada elemento de la base de datos, lo que muchas veces tiene que ver con el sector en el que estos trabajan (tecnología, comercio electrónico, inmobiliarias, etcétera) o con la naturaleza del servicio prestado (consultoría, servicios industriales, seguridad, entre otros). No obstante, debido a que nuestra base de datos también comprende 52 emprendimientos sociales, tuvimos en cuenta que esta clase de iniciativas suele ir más allá de las clasificaciones económicas tradicionales. Una característica importante de los emprendimientos sociales, apuntan los teóricos, es su rol en el activismo social. El emprendimiento social se distingue por el problema que quiere solucionar. De ahí que hayamos identificado también orientaciones relacionadas con movimientos y narrativas sociales o con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre estas categorías tenemos, por ejemplo, a la atención a las poblaciones vulnerables, el enfoque de género, los derechos humanos y la paz.

 

Para asignar las orientaciones en la base de datos revisamos los contenidos escritos y audiovisuales disponibles en las páginas web y las redes sociales de cada uno de los elementos. Por lo general, la información más relevante estaba contenida en las descripciones que los propios actores identificados consignaron en la web. Asignadas estas etiquetas a los 339 elementos de la base de datos, obtuvimos 35 tipos de orientaciones. Las más numerosas fueron “tecnología” (111 elementos), “consultoría” (54), “educación” (29), “logística” (28) y “consumo responsable” (26).

 

Comparando el emprendimiento y el emprendimiento social

 

Para simplificar el análisis, en el gráfico que presentamos a continuación visualizamos las orientaciones asignadas a solo dos tipos de actores de la base de datos: emprendimientos y emprendimientos sociales. Como se advierte, la muestra de emprendimientos convencionales (216 elementos) es cuatro veces más grande que la de emprendimientos sociales (52 elementos). Pero esa no es la única diferencia. Nuestro diagrama –elaborado con la herramienta de visualización Gephi– indica que los emprendimientos convencionales (puntos naranjas) son mucho más comunes en las orientaciones relacionadas con la tecnología, la consultoría, la logística, el comercio electrónico, el sector Fintech y de crédito así como en el rubro de seguridad. ¿Qué elementos están agrupados en estas orientaciones? Ahí tenemos, por ejemplo, a empresas de base tecnológica como Datup que aplica inteligencia artificial, Big Data, machine learning y ciencia de datos para la optimización de los procesos industriales. O también están representadas varias startups dedicadas al creciente sector fintech como Agrapp, que conecta a los agricultores colombianos con personas interesadas en invertir en el sector.

 

[Puede descargar este diagrama en alta calidad aquí]

 

Lo que tienen en común estas iniciativas –y por lo cual fueron consideradas en nuestra base de datos– es que actualmente están expandiendo el horizonte de innovación tecnológica del país. Se trata de empresas que hacen un uso avanzado de herramientas digitales. Poseen la capacidad de construir y mantener sus propias plataformas y aplicaciones móviles, trabajan de forma remota y utilizan computación en la nube y, en muchos casos, están afiliadas a redes de apoyo a las startups como Colombia Fintech.

 

En contraste, los elementos que fueron catalogados como emprendimientos sociales en nuestra base de datos no se caracterizan por tener una orientación meramente   tecnológica. Como muestra la parte superior del diagrama, los emprendimientos sociales (puntos azules) están más presentes en las orientaciones relacionadas con la educación, el enfoque de género, la atención hacia las poblaciones vulnerables, la moda y los derechos humanos. Asimismo, otros sectores en los que hay varios emprendimientos sociales son el reciclaje, el medioambiente y el consumo responsable. Para visualizar y entender mejor las relaciones entres estos 52 elementos, elaboramos el siguiente mapa.

 

Lupa sobre el emprendimiento social

 

[Puede descargar este diagrama en alta calidad aquí]

 

La orientación que agrupa a la mayor cantidad de emprendimientos sociales en nuestra base de datos es el reciclaje (10 actores de 52) lo cual refleja una priorización de temas ambientales, y de economía sostenible y circular. Tenemos en esta categoría iniciativas como Recupera tu silla, una fundación que recolecta mobiliario que está a punto de ser enviado a basurales y lo somete a procesos de recuperación. Luego, esta fundación destina los productos reciclados a comunidades vulnerables colombianas. Otro ejemplo del sector reciclaje es Boxlife, un emprendimiento social que recolecta tapabocas usados, los desinfecta con radiación y los transforma en nuevos artefactos como materas. Boxlife es un caso destacable de innovación social surgido a partir de la pandemia del COVID-19. Esta cumple un rol activista y ha creado una comunidad virtual de más de 4 mil seguidores en Instagram.

 

Otras orientaciones detectadas en nuestra base de datos son la atención a poblaciones vulnerables (10 actores), la educación (9 actores), el consumo responsable (8 actores) y el enfoque de género (7 actores). Entre estos actores está la Fundación para la Equidad Educativa (FEE), un organismo no gubernamental que ofrece servicios de innovación educativa y recolecta donaciones (como computadoras) para colegios en tres ciudades colombianas: Tunja, Arcabuco y Apulo. La FEE fue fundada por Nicolás Ruiz, un joven filósofo y educador quien compartió en el 2021 su experiencia como emprendedor social en una entrevista con nuestro proyecto de investigación.

En los próximos artículos, revisaremos algunos casos particulares de emprendimientos que nos permitirán sugerir cómo los jóvenes se apoyan en tecnologías digitales para sacar adelante proyectos de innovación social en el país.

 

 

El emprendimiento social en Colombia: aproximaciones desde la regulación y la teoría

Dos leyes han sido promulgadas en los últimos años para promover el emprendimiento y el emprendimiento social en el país, respectivamente. En este artículo revisamos qué características vinculan a estos conceptos y cuáles los separan.

 

Serie Jóvenes e Innovación Social Digital (artículo 2 de 8)

 

El emprendimiento es un concepto popular en Colombia. Se menciona con frecuencia en las páginas financieras de los periódicos, en la oferta académica de las universidades, en concursos de TV, en las redes sociales y en las políticas públicas. La asociación del emprendimiento con el bienestar social está tan arraigada que el pasado Gobierno Nacional posicionó este eje como uno de los tres componentes de su Plan Nacional de Desarrollo (2018-2022). Y como ha quedado registrado en numerosos pronunciamientos, conferencias y tuits; el expresidente Iván Duque buscó cimentar un capital político alrededor de la promoción de estas iniciativas. El emprendimiento fue un instrumento político esencial del discurso del gobierno que recién terminó.

 

En materia normativa, dos leyes promulgadas en los últimos años son relevantes para el emprendimiento nacional. La primera es la Ley 2069 del 2020, llamada Ley del Emprendimiento, que según una editorial del boletín Analítica de la agencia iNNpulsa Colombia busca “actualizar un marco regulatorio [que provenía del 2006], por medio del cual se impulsa el emprendimiento en Colombia con el fin de apoyar el crecimiento, la consolidación y la sostenibilidad de las empresas” (iNNpulsa Colombia, 2021). Esta ley propone, entre otras cosas, tarifas diferenciadas y simplificación de trámites para los emprendedores, facilitación de las compras públicas, educación y capacitación en habilidades emprendedoras y otros esfuerzos orientados hacia el financiamiento y la sostenibilidad de las iniciativas. La segunda ley relevante fue decretada en las postrimerías del pasado gobierno, el 8 de julio de 2022; es decir, hace menos de dos meses. Se trata de la Ley 2234 por la cual se promueve la política de emprendimiento social en Colombia. La regulación e implementación de esta ley, según la ONG RECON Colombia, ha quedado en manos del actual gobierno presidido por Gustado Petro.

 

¿Cuáles son las diferencias entre el emprendimiento y el emprendimiento social?, ¿por qué los tomadores de decisiones políticas en Colombia consideran que son campos separados y que requieren, por tanto, leyes distintas?, ¿cuáles son las bases teóricas que sustentan a estos tipos de iniciativas? Esas son algunas de las preguntas que se plantea la investigación “Jóvenes e Innovación Social Digital” que desarrolla el Centro ISUR y que forma parte del proyecto Economía Digital y Futuro del Trabajo.

 

Una discusión teórica

 

El emprendimiento, a secas, es un concepto anterior al del emprendimiento social. Quienes han estudiado los orígenes del término “emprendimiento” y de sus teorías económicas asociadas suelen citar a los economistas europeos Richard Cantillon (1680-1734) y Jean-Baptiste Say (1767-1832) como los pioneros en difundirlo. No obstante, el pensador más frecuentemente comentado es el austriaco Joseph Schumpeter quien, en palabras del sociólogo e historiador sueco Richard Swedberg, “es generalmente visto como el primer gran economista que desarrolló una de las principales teorías sobre el emprendimiento” (Swedberg, 2009). Esto gracias a su influyente obra de 1911 “Teoría del desenvolvimiento económico”, que tuvo más difundidas ediciones y traducciones al inglés en 1926 y 1934. El concepto de emprendimiento social, por su parte, es de utilización más reciente. Según una revisión bibliográfica sistemática emprendida por Wendy Phillips y otros cuatro investigadores, el emprendimiento social se volvió parte del léxico cotidiano recién a finales del siglo XX (Phillips et al., 2015). Esto pese a que las prácticas que pueden ser hoy categorizadas como propias del emprendimiento social (como la filantropía empresarial) sí tienen un largo recorrido, de aproximadamente 100 años, según los investigadores.

 

¿Qué define, entonces, al emprendimiento social?, ¿qué prácticas le son comunes? Aunque, como detalla la investigadora colombiana Nathaly Sepúlveda, hay cierta falta de consenso sobre la definición exacta del emprendimiento social debido a los diferentes tipos de procesos, formas jurídicas y objetivos que adoptan en la práctica estas iniciativas (Sepúlveda Ramos, 2018); muchos teóricos coinciden en que el emprendimiento social –a diferencia del emprendimiento comercial– tiende a privilegiar la resolución de algún problema social sobre las ganancias económicas (el lucro es visto como un medio, no como un fin) y sus promotores suelen también cumplir un rol de activistas sociales. En contraste, lo que conecta al emprendimiento social con el emprendimiento tradicional, es que ambos enfatizan la innovación; es decir, la búsqueda de nuevas y más eficientes combinaciones de los recursos que están a mano, ya sean estos financieros, legales, capital humano o materias primas.

 

Las formas legales que adoptan los emprendimientos sociales son variadas en Colombia y esa es una de las razones por las cuales quienes promueven el reconocimiento de este sector suelen exigir políticas especializadas, distintas a las del emprendimiento. Según una encuesta a 527 emprendimientos sociales realizados en el 2020 por RECON Colombia, solo el 55,2% de ellos tiene algún tipo de personería jurídica, mientras que el 44,8% están en la informalidad. De los emprendimientos sociales que sí tienen personería jurídica, la mayoría (el 71,7%) son entidades sin ánimo de lucro. Según RECON, esta figura tiene ciertas ventajas tributarias pero “implica también barreras y desafíos para las necesidades y naturaleza del emprendimiento social, ya que les impide recibir inversiones, tener socios, repartir utilidades y desarrollar estrategias comerciales para su sostenibilidad, limitando el modelo de negocio” (RECON Colombia, 2020).

 

Emprendimiento social desde las TIC y las redes sociales

 

Pese a las barreras y los desafíos advertidos por RECON, los emprendedores sociales buscan salir adelante en el país a través de distintas estrategias y mucha perseverancia. Entre estos casos –identificados en una base de datos por nuestro proyecto de investigación– tenemos a la Fundación Más por TIC, una entidad sin ánimo de lucro que busca empoderar a los agricultores colombianos a través de la innovación, el uso y el aprovechamiento de las  Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). En contacto con nuestro proyecto de investigación, la Fundación Más por TIC informó que desde su creación –en el 2015– ha desarrollado programas virtuales y presenciales en 17 territorios del país. A través de cursos, alianzas y asesorías, este emprendimiento social ha asesorado a 200 agricultores individuales, a 10 familias campesinas y a cuatro empresas. “Hemos promovido el ecosistema Agtech de Colombia donde actualmente hay 200 miembros y organizaciones de distintos sectores. El 70% de nuestro equipo está compuesto por mujeres y desde hace dos años recibimos ingresos. Podemos decir que somos una empresa social sostenible”, señaló a través de correo electrónico Eliana Camargo, cofundadora de Más por TIC.

 

En tanto, desde el sector textil está el emprendimiento social de Confecciones La Montaña, una marca de ropa, bolsos y accesorios creada por excombatientes de las FARC en proceso de reincorporación a la vida civil. Aunque su modelo de negocio se concentra en la manufactura, es destacable que Confecciones La Montaña aprovecha sus redes sociales para promover el proceso de paz en Colombia. Gracias a este trabajo de activismo social, esta empresa ha consolidado una comunidad de más de 30 mil seguidores en Instagram y 13 mil en Facebook. Identificar prácticas como las de Más por TIC o Confecciones La Montaña –que involucran el aprovechamiento de las tecnologías digitales como Internet, los teléfonos móviles y sus aplicaciones– es uno de los objetivos de la investigación “Jóvenes e Innovación Social Digital”.

 

Referencias

 

    • iNNpulsa Colombia. (2021). Ley de emprendimiento en Colombia—Boletín Analítica. iNNpulsa Colombia.
    • Phillips, W., Lee, H., Ghobadian, A., O’Regan, N., y James, P. (2015). Social Innovation and Social Entrepreneurship: A Systematic Review. Group & Organization Management, 40(3), 428-461.
    • RECON Colombia. (2020). Radiografía del Emprendimiento Social en Colombia 2020—II Informe del Estado del Emprendimiento Social. RECON Colombia.
    • Sepúlveda Ramos, N. (2018). Evaluation of a Social Entrepreneurial Ecosystem: The Case of Bogotá [Thesis for MSc in Entrepreneurship and Innovation]. Universidad de Edimburgo.
    • Swedberg, R. (2009). Schumpeter’s Full Model of Entrepreneurship: Economic, Non-Economic and Social Entrepreneurship. En R. Ziegler, An Introduction to Social Entrepreneurship (p. 13405). Edward Elgar Publishing.

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