Redes, acciones colectivas y tecnologías digitales en el emprendimiento social

La innovación social depende de los esfuerzos individuales de los ciudadanos pero también de estrategias colectivas. En este artículo revisamos dos recientes reportes de la organización Ashoka y de la fundación Schwab que analizan el impacto del emprendimiento social en la solución de problemas globales.

 

Serie Jóvenes e Innovación Social Digital (artículo 3 de 8)

 

Dos organizaciones son referentes al momento de explorar el impacto del emprendimiento social en el mundo: la organización Ashoka y la fundación Schwab. Ambas comparten varias características. Tanto Ashoka como Schwab tienen como objetivo la solución de problemas globales y sistémicos relacionados con la pobreza, la desigualdad, el acceso a la educación, los servicios de salud y el deterioro del medioambiente; promueven la innovación social y la competitividad económica como métodos para obtener cambios sociales estructurales; operan como puentes entre los emprendedores con líderes políticos, financistas privados y los medios de comunicación y, por último, ambas suelen difundir sus evaluaciones de impacto a través de reportes periódicos.

 

La organización Ashoka es la que tiene una trayectoria más larga. Fue fundada en 1980 por el emprendedor y filántropo estadounidense Bill Drayton y actualmente cuenta con más de cuatro mil socios en 95 países. Drayton es reconocido como uno de los grandes promotores del concepto de emprendimiento social y, además, desarrolló una teoría para el cambio sistémico que entroniza la responsabilidad individual y colectiva de los ciudadanos. Esta estrategia se sintetiza en el eslogan de su organización que, además, es una marca registrada: “Everyone a Changemaker” (todos un agente del cambio). Sólo en Colombia, esta organización ha seleccionado a 69 emprendedores sociales para formar parte de su red y gestiona ocho escuelas transformadoras que se dedican a promover habilidades como la empatía, el trabajo en equipo o el liderazgo colaborativo.

 

Entre los socios colombianos de Ashoka está la Fundación Juanfe, una organización fundada el 2001 en Cartagena y que hoy también tiene operaciones en Medellín, Panamá, Chile, Estados Unidos y España. El objetivo de esta organización es romper los ciclos de pobreza en el que caen las madres adolescentes a través de tres ejes: provisión de servicios de salud, educación de calidad y vinculación al mercado laboral. Gracias a este trabajo, la Fundación Juanfe ha ganado varios premios sobre innovación y prevención de la violencia de género.

 

Por otra parte, la Fundación Schwab para el Emprendimiento Social fue fundada por Klaus e Hilde Schwab en 1998. Ambos, en los años setenta, fueron miembros fundadores del actual Foro Económico Mundial (FEM). La Fundación Schawb tiene sede en Ginebra (Suiza) y desde sus orígenes funciona como una plataforma para conectar a los emprendedores sociales con los líderes mundiales del FEM. La fundación opera hoy en más de 190 países y apoya a casi 400 organismos de emprendimiento e innovación social. Según los cálculos de este organismo, las organizaciones que están afiliadas a su red han mejorado las condiciones de vida de 722 millones de personas desde sus respectivos orígenes.

 

En este artículo, que forma parte del proyecto Jóvenes e Innovación Social Digital, resumimos algunas estrategias que promueven estas dos grandes organizaciones dedicadas al emprendimiento social, revisaremos sus últimas cifras de impacto de cara la pandemia del COVID-19 y examinaremos qué rol cumplen los jóvenes y las tecnologías digitales en el desarrollo de la innovación social.

 

Entre lo individual y lo colectivo

 

En su último estudio, publicado este 2022, la organización Ashoka usó varios métodos, entre cuantitativos y cualitativos, para investigar en qué áreas de trabajo operan los emprendedores sociales y qué estrategias adoptan para llevar adelante sus proyectos. Una encuesta, respondida por 817 socios de 80 países, muestra que los campos en los que se mueven los emprendedores sociales son, principalmente, educación (23%), desarrollo económico (17%), salud (17%), clima y medioambiente (12%) y derechos humanos (12%). Respecto a las estrategias que usan los emprendedores sociales, el reporte de Ashoka resalta tres tipos de acciones que inciden en la responsabilidad individual, la colaboración en red y los sistemas de políticas públicas.

 

Sobre las acciones individuales, la organización señala que los emprendedores sociales juegan un rol de inspiradores o modelos para la sociedad. Esto debido a que crean oportunidades para los ciudadanos a través de empleos y voluntariados en los que, muchas veces, los jóvenes tienen un papel protagónico. Asimismo, los emprendedores sociales alientan la confianza en las capacidades individuales y redefinen las debilidades como fortalezas. El reporte resalta, por ejemplo, el caso de Youth Empowering Parents, un programa en el que los jóvenes aprovechan sus conocimientos digitales para dar tutorías a adultos en temas como enseñanza de inglés, habilidades computacionales, alfabetización en el uso de celulares, educación financiera y búsqueda de empleo. Este emprendimiento social usa una metodología llamada “tutoría reversa” debido a que los jóvenes no son vistos como una población inexperta, sino como proveedores especializados de servicios.

 

El estudio de Ashoka también enfatiza que la acción individual de los emprendimientos sociales resulta insuficiente si no va acompañada de acciones colectivas. Por ello, resalta el papel de los emprendedores sociales en la multiplicación de nuevas asociaciones (sobre todo con organizaciones no gubernamentales, gobiernos locales y universidades) así como en la creación de espacios de comunicación comunitaria. Este trabajo colectivo también comprende la búsqueda de reformas políticas y comerciales de gran escala. Como vimos en un artículo anterior, en julio de este año se promulgó la Ley 2234 que promueve en Colombia una política nacional de emprendimiento social. Esta normativa venía siendo exigida por los emprendedores sociales desde hace años para garantizar su reconocimiento por parte del gobierno y del sector privado.

 

Ahora bien, el documento de Ashoka también alerta que la capacidad de los emprendimientos sociales de incidir en varias áreas ha sido afectada debido a la pandemia del COVID-19. El estudio muestra una reducción en los cambios normativos favorables al emprendimiento social, en la investigación para la toma de decisiones y en la representación de poblaciones marginalizadas. Todo esto durante el 2021 con respecto a una evaluación anterior del 2018.

 

Redes y tecnología

 

La Fundación Schwab para el Emprendimiento Social también publicó este año un documento en el que evalúa el impacto de 77 innovadores sociales premiados por su organización entre el 2019 y el 2022. Sumando esta última evaluación a un reporte de impacto del 2020, la fundación Schwab llega a la cifra de 722 millones de personas que habrían mejorado sus condiciones de vida gracias al trabajo de las organizaciones que están afiliadas a su red. Los sectores en los que trabajan los emprendedores sociales reconocidos por Schwab son parecidos a los de Ashoka: cuidados sanitarios y bienestar, cuidados infantiles, inclusión financiera, apoyo a migrantes y refugiados y empoderamiento femenino.

 

La fundación también reconoce el poder de lo colectivo para el emprendimiento social por lo que recurre al concepto de ecosistema de innovación para explicar las acciones comunitarias que están transformando a la sociedad. “En el contexto actual, es claro que ninguna organización o individuo puede lograr un cambio social significativo por sí solo. Y, como una unidad, la comunidad actúa como una poderosa voz colectiva para promover el impacto social”, señala el organismo internacional en su reporte.

 

¿Qué acciones toman los emprendedores sociales para generar un ecosistema de innovación? La fundación reseña tres ejes: el desarrollo de redes globales y locales de innovadores sociales, la búsqueda de modelos de financiamiento más inclusivos y la emergencia de nuevos líderes que aceleran los procesos de movilización social. Respecto a la creación de redes, la fundación Schwab resalta el caso de iniciativas como Health Innovation Exchange, una organización que conecta a inversores, mercados, e investigadores para implementar innovaciones que mejoren los servicios de salud, sobre todo en los países del llamado Sur Global. Entre estas innovaciones hay tecnologías de análisis del habla para el diagnóstico de enfermedades, nuevas fórmulas para desarrollar repelentes de insectos y drones especializados en el transporte de materiales médicos.

 

La fundación Schwab también resalta que al menos 70 innovadores sociales de su red usan la tecnología para mejorar la profundidad y el alcance de sus soluciones. La mayor parte de ellos explora, por ejemplo, las posibilidades de las tecnologías móviles para realizar intervenciones en entornos de pocos recursos. Otros emprendimientos, como Laboratoria, aprovechan la capacitación en tecnología para cerrar las brechas de empleabilidad de las mujeres latinoamericanas. Entre los servicios de Laboratoria está un bootcamp de seis meses en el que las estudiantes se perfeccionan como desarrolladoras web o diseñadoras UX. “Las estudiantes no pagan nada durante el programa y, después de conseguir un trabajo, devuelven una cantidad subsidiada en cuotas mensuales para que otras mujeres puedan tener la misma oportunidad”, explica esta organización en su web*.

 

También hay un porcentaje menor de emprendedores sociales que usa Big Data e inteligencia artificial para transformar las comunidades. En el documento de Schwab se destaca el caso del Centre for Policing Equity, una organización de orígenes universitarios que recopila y analiza datos relacionados con las intervenciones policiales para diagnosticar si hay disparidades y sesgos que afectan a comunidades afroamericanas. Hace un año, en septiembre del 2021, este centro lanzó una plataforma digital interactiva llamada “Justice Navigator” que permite visualizar los datos analizados. El objetivo es que a través de estas herramientas se rediseñen las políticas de seguridad pública en los Estados Unidos y se detengan los casos de abuso policial contra poblaciones racializadas.

 

* El caso de Laboratoria no es mencionado en el reporte «Transforming through Trust: How social innovators are transforming the lives of 722 million» (2022) de la Fundación Schwab.

 

El emprendimiento social en Colombia: aproximaciones desde la regulación y la teoría

Dos leyes han sido promulgadas en los últimos años para promover el emprendimiento y el emprendimiento social en el país, respectivamente. En este artículo revisamos qué características vinculan a estos conceptos y cuáles los separan.

 

Serie Jóvenes e Innovación Social Digital (artículo 2 de 8)

 

El emprendimiento es un concepto popular en Colombia. Se menciona con frecuencia en las páginas financieras de los periódicos, en la oferta académica de las universidades, en concursos de TV, en las redes sociales y en las políticas públicas. La asociación del emprendimiento con el bienestar social está tan arraigada que el pasado Gobierno Nacional posicionó este eje como uno de los tres componentes de su Plan Nacional de Desarrollo (2018-2022). Y como ha quedado registrado en numerosos pronunciamientos, conferencias y tuits; el expresidente Iván Duque buscó cimentar un capital político alrededor de la promoción de estas iniciativas. El emprendimiento fue un instrumento político esencial del discurso del gobierno que recién terminó.

 

En materia normativa, dos leyes promulgadas en los últimos años son relevantes para el emprendimiento nacional. La primera es la Ley 2069 del 2020, llamada Ley del Emprendimiento, que según una editorial del boletín Analítica de la agencia iNNpulsa Colombia busca “actualizar un marco regulatorio [que provenía del 2006], por medio del cual se impulsa el emprendimiento en Colombia con el fin de apoyar el crecimiento, la consolidación y la sostenibilidad de las empresas” (iNNpulsa Colombia, 2021). Esta ley propone, entre otras cosas, tarifas diferenciadas y simplificación de trámites para los emprendedores, facilitación de las compras públicas, educación y capacitación en habilidades emprendedoras y otros esfuerzos orientados hacia el financiamiento y la sostenibilidad de las iniciativas. La segunda ley relevante fue decretada en las postrimerías del pasado gobierno, el 8 de julio de 2022; es decir, hace menos de dos meses. Se trata de la Ley 2234 por la cual se promueve la política de emprendimiento social en Colombia. La regulación e implementación de esta ley, según la ONG RECON Colombia, ha quedado en manos del actual gobierno presidido por Gustado Petro.

 

¿Cuáles son las diferencias entre el emprendimiento y el emprendimiento social?, ¿por qué los tomadores de decisiones políticas en Colombia consideran que son campos separados y que requieren, por tanto, leyes distintas?, ¿cuáles son las bases teóricas que sustentan a estos tipos de iniciativas? Esas son algunas de las preguntas que se plantea la investigación “Jóvenes e Innovación Social Digital” que desarrolla el Centro ISUR y que forma parte del proyecto Economía Digital y Futuro del Trabajo.

 

Una discusión teórica

 

El emprendimiento, a secas, es un concepto anterior al del emprendimiento social. Quienes han estudiado los orígenes del término “emprendimiento” y de sus teorías económicas asociadas suelen citar a los economistas europeos Richard Cantillon (1680-1734) y Jean-Baptiste Say (1767-1832) como los pioneros en difundirlo. No obstante, el pensador más frecuentemente comentado es el austriaco Joseph Schumpeter quien, en palabras del sociólogo e historiador sueco Richard Swedberg, “es generalmente visto como el primer gran economista que desarrolló una de las principales teorías sobre el emprendimiento” (Swedberg, 2009). Esto gracias a su influyente obra de 1911 “Teoría del desenvolvimiento económico”, que tuvo más difundidas ediciones y traducciones al inglés en 1926 y 1934. El concepto de emprendimiento social, por su parte, es de utilización más reciente. Según una revisión bibliográfica sistemática emprendida por Wendy Phillips y otros cuatro investigadores, el emprendimiento social se volvió parte del léxico cotidiano recién a finales del siglo XX (Phillips et al., 2015). Esto pese a que las prácticas que pueden ser hoy categorizadas como propias del emprendimiento social (como la filantropía empresarial) sí tienen un largo recorrido, de aproximadamente 100 años, según los investigadores.

 

¿Qué define, entonces, al emprendimiento social?, ¿qué prácticas le son comunes? Aunque, como detalla la investigadora colombiana Nathaly Sepúlveda, hay cierta falta de consenso sobre la definición exacta del emprendimiento social debido a los diferentes tipos de procesos, formas jurídicas y objetivos que adoptan en la práctica estas iniciativas (Sepúlveda Ramos, 2018); muchos teóricos coinciden en que el emprendimiento social –a diferencia del emprendimiento comercial– tiende a privilegiar la resolución de algún problema social sobre las ganancias económicas (el lucro es visto como un medio, no como un fin) y sus promotores suelen también cumplir un rol de activistas sociales. En contraste, lo que conecta al emprendimiento social con el emprendimiento tradicional, es que ambos enfatizan la innovación; es decir, la búsqueda de nuevas y más eficientes combinaciones de los recursos que están a mano, ya sean estos financieros, legales, capital humano o materias primas.

 

Las formas legales que adoptan los emprendimientos sociales son variadas en Colombia y esa es una de las razones por las cuales quienes promueven el reconocimiento de este sector suelen exigir políticas especializadas, distintas a las del emprendimiento. Según una encuesta a 527 emprendimientos sociales realizados en el 2020 por RECON Colombia, solo el 55,2% de ellos tiene algún tipo de personería jurídica, mientras que el 44,8% están en la informalidad. De los emprendimientos sociales que sí tienen personería jurídica, la mayoría (el 71,7%) son entidades sin ánimo de lucro. Según RECON, esta figura tiene ciertas ventajas tributarias pero “implica también barreras y desafíos para las necesidades y naturaleza del emprendimiento social, ya que les impide recibir inversiones, tener socios, repartir utilidades y desarrollar estrategias comerciales para su sostenibilidad, limitando el modelo de negocio” (RECON Colombia, 2020).

 

Emprendimiento social desde las TIC y las redes sociales

 

Pese a las barreras y los desafíos advertidos por RECON, los emprendedores sociales buscan salir adelante en el país a través de distintas estrategias y mucha perseverancia. Entre estos casos –identificados en una base de datos por nuestro proyecto de investigación– tenemos a la Fundación Más por TIC, una entidad sin ánimo de lucro que busca empoderar a los agricultores colombianos a través de la innovación, el uso y el aprovechamiento de las  Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). En contacto con nuestro proyecto de investigación, la Fundación Más por TIC informó que desde su creación –en el 2015– ha desarrollado programas virtuales y presenciales en 17 territorios del país. A través de cursos, alianzas y asesorías, este emprendimiento social ha asesorado a 200 agricultores individuales, a 10 familias campesinas y a cuatro empresas. “Hemos promovido el ecosistema Agtech de Colombia donde actualmente hay 200 miembros y organizaciones de distintos sectores. El 70% de nuestro equipo está compuesto por mujeres y desde hace dos años recibimos ingresos. Podemos decir que somos una empresa social sostenible”, señaló a través de correo electrónico Eliana Camargo, cofundadora de Más por TIC.

 

En tanto, desde el sector textil está el emprendimiento social de Confecciones La Montaña, una marca de ropa, bolsos y accesorios creada por excombatientes de las FARC en proceso de reincorporación a la vida civil. Aunque su modelo de negocio se concentra en la manufactura, es destacable que Confecciones La Montaña aprovecha sus redes sociales para promover el proceso de paz en Colombia. Gracias a este trabajo de activismo social, esta empresa ha consolidado una comunidad de más de 30 mil seguidores en Instagram y 13 mil en Facebook. Identificar prácticas como las de Más por TIC o Confecciones La Montaña –que involucran el aprovechamiento de las tecnologías digitales como Internet, los teléfonos móviles y sus aplicaciones– es uno de los objetivos de la investigación “Jóvenes e Innovación Social Digital”.

 

Referencias

 

    • iNNpulsa Colombia. (2021). Ley de emprendimiento en Colombia—Boletín Analítica. iNNpulsa Colombia.
    • Phillips, W., Lee, H., Ghobadian, A., O’Regan, N., y James, P. (2015). Social Innovation and Social Entrepreneurship: A Systematic Review. Group & Organization Management, 40(3), 428-461.
    • RECON Colombia. (2020). Radiografía del Emprendimiento Social en Colombia 2020—II Informe del Estado del Emprendimiento Social. RECON Colombia.
    • Sepúlveda Ramos, N. (2018). Evaluation of a Social Entrepreneurial Ecosystem: The Case of Bogotá [Thesis for MSc in Entrepreneurship and Innovation]. Universidad de Edimburgo.
    • Swedberg, R. (2009). Schumpeter’s Full Model of Entrepreneurship: Economic, Non-Economic and Social Entrepreneurship. En R. Ziegler, An Introduction to Social Entrepreneurship (p. 13405). Edward Elgar Publishing.

Jóvenes e Innovación Social Digital: una investigación desde Bogotá

Auxiliados por las tecnologías digitales, la voluntad de innovar y abundante perseverancia, muchos jóvenes deciden convertirse en emprendedores sociales en la capital. Un proyecto de investigación del ISUR viene rastreando las prácticas, fortalezas y desafíos de esta comunidad de innovación.

 

Serie Jóvenes e Innovación Social Digital (artículo 1 de 8)

 

Desde el 2019, el Centro de Internet y Sociedad de la Universidad del Rosario (ISUR) viene investigando el ecosistema juvenil de emprendimiento social e innovación digital en Colombia. Esta iniciativa –que forma parte del proyecto internacional Economía Digital y Futuro del Trabajo– tiene como objetivo entender las prácticas de emprendedores y emprendedoras jóvenes, identificar las oportunidades y desafíos que encuentran, así como también describir el entorno de instituciones y recursos que tienen a su disposición para llevar adelante iniciativas que buscan no solo generar ganancias económicas, sino también lograr un cambio positivo en sus comunidades. Para lograr estas metas, nuestro equipo de investigación se planteó las siguientes preguntas: ¿cómo están utilizando los emprendedores jóvenes las tecnologías digitales para sus proyectos?, ¿qué características tienen en común los emprendimientos sociales en materia digital?, ¿qué instituciones y recursos favorecen la innovación social en el contexto colombiano y, en particular, en la ciudad de Bogotá?.

 

Por medio de una serie de entradas, que inauguramos con este artículo, queremos compartir algunos de los hallazgos de nuestra investigación.

 

El emprendimiento social y la innovación digital en Bogotá

 

Aunque el emprendimiento social ha llamado la atención de las investigaciones académicas de forma creciente, en nuestro país no abundan los estudios especializados. Para tratar de aliviar la falta de datos locales, en noviembre del año pasado iNNpulsa Colombia –la agencia gubernamental de emprendimiento e innovación– dedicó la cuarta edición de su boletín “Analítica” a la exploración teórica del fenómeno del emprendimiento social tanto en Colombia como en otros países. En ese documento, la entidad informó que la medición del impacto de los emprendimientos sociales colombianos se había convertido en una prioridad estatal por lo que prometió iniciar “un proceso de monitoreo y evaluación mediante una plataforma de inteligencia de datos de la ruta Núcleo E, programa de iNNPulsa que marca toda la línea de emprendimiento social” (p.6). La información que proporcione en el futuro esta plataforma de inteligencia de datos será muy importante para el sector y podría ser usada, por ejemplo, para tomar decisiones que garanticen la sostenibilidad financiera de los emprendedores sociales.

 

Por otra parte, gracias al trabajo de organizaciones sin ánimo de lucro como RECON, sabemos que los emprendedores sociales colombianos tienen un rostro joven: el 45,5% de ellos tiene entre 18 y 35 años, según un informe elaborado en el 2020 a partir de una encuesta a 527 iniciativas económicas. Asimismo, la mayor parte de estas iniciativas se concentran en la región centro oriente y, en particular, en Bogotá. Vale la pena resaltar que buena parte de estos emprendedores dirigen sus esfuerzos hacia la atención de las necesidades sociales de comunidades vulnerables como las víctimas del conflicto armado, madres solteras, comunidad LGBTI, afrodescendientes, raizales o palenqueros, adultos mayores o inmigrantes.

 

No obstante, RECON también ha alertado sobre varios factores que juegan en contra de los emprendedores sociales. De acuerdo con el estudio de la ONG, el 83,7% no ha accedido al sistema financiero, el 44,6% no tiene personería jurídica y el 60,4% considera que el Estado no apoya a esta clase de iniciativas de innovación social. La consolidación de modelos de negocio sostenibles, como veremos en nuestros próximos artículos, es uno de los principales retos que enfrentan los emprendedores sociales en Colombia. Atender estos retos implica, por ejemplo, evaluar qué tipo de personería jurídica es la más propicia para los emprendimientos sociales (que hoy adoptan muchas modalidades en nuestro país, desde organizaciones sin ánimo de lucro hasta sociedades anónimas simplificadas).

 

Ahora bien, pese a las dificultades, los emprendedores sociales son flexibles, tratan de seguir adelante y suelen reconocer el valor de la persistencia. Por ello, nuestro proyecto de investigación, llamado “Jóvenes e Innovación Social Digital”, busca aportar al estudio sobre los emprendimientos sociales analizando las prácticas vinculadas con el aprovechamiento de las tecnologías digitales como Internet, los teléfonos móviles y las aplicaciones; así como mediante la descripción de ciertas habilidades socioemocionales recomendadas por quienes ya han lanzado iniciativas al mercado. Con ese objetivo en mente, y luego de realizar una revisión bibliográfica, este proyecto desarrolló una base de datos de más de 350 actores del ecosistema de emprendimiento local. Estos actores fueron descritos y catalogados por los becarios del ISUR quienes también desarrollaron estudios de caso de algunos de los emprendimientos. Asimismo, sostuvimos entrevistas con siete jóvenes emprendedores que operan en Bogotá y quienes accedieron –voluntaria y gentilmente– a compartir sus testimonios. Algunos de ellos se dedican, por ejemplo, a capacitar en habilidades tecnológicas a personas de bajos recursos, a la producción de alimentos veganos y saludables o a la difusión de contenidos periodísticos alternativos en plataformas digitales. Nuestras entrevistas fueron realizadas entre mayo y julio del 2021, aunque los datos que suministraremos en los próximos artículos han sido actualizados hacia el 2022.

 

Acerca de la investigación

 

El proyecto Economía Digital y Futuro del Trabajo (del cual nuestra investigación local forma parte) es financiada por el Research Council of Norway y en él participan la BI Norwegian Business School, el Berkman Klein Center for Internet and Society, la Universidad de Chile y el Centro ISUR.

 

La investigación Jóvenes e Innovación Social Digital del Centro ISUR fue desarrollada de 2019 a 2022 con la participación de un investigador y coordinador principal, un investigador asistente y varios grupos de becarios (entre cuatro a siete estudiantes de pregrado de la Universidad del Rosario) quienes desarrollaron casos de estudio, colaboraron con el mapeo del ecosistema de emprendimiento, revisaron literatura académica y participaron en encuentros semanales de discusión.