La desinformación en Colombia se discute con tres palabras que suelen usarse como sinónimos y no lo son: información errónea, desinformación y malinformación. La diferencia no está en si el contenido es falso, sino en la intención de quien lo difunde y en el daño que busca. Esta guía parte de esas definiciones, explica cómo trabajan los equipos de verificación del país (el fact checking), recoge lo que dicen la Constitución y la Corte Constitucional sobre la información veraz y termina con un procedimiento concreto para comprobar un contenido antes de compartirlo: cómo identificarla, paso a paso, y cómo identificarla cuando llega por un canal de confianza.
Qué es la desinformación
La referencia más citada es el informe «Information Disorder: Toward an interdisciplinary framework for research and policymaking», de Claire Wardle y Hossein Derakhshan, publicado por el Consejo de Europa en octubre de 2017. Los autores proponen tres términos precisos:
- Información errónea (misinformation): información falsa, pero creada sin la intención de causar daño.
- Desinformación (disinformation): información falsa creada deliberadamente para dañar a una persona, un grupo social, una organización o un país.
- Malinformación (malinformation): información basada en hechos reales, usada para infligir daño a una persona, organización o país.
Dos variables ordenan el cuadro: si el contenido es falso o verdadero, y si hay intención de dañar. Un rumor que se reenvía de buena fe es información errónea. El mismo rumor, fabricado por alguien que quiere desacreditar a un rival, es desinformación. Y la publicación de un dato privado verdadero para acosar a alguien es malinformación: no hay mentira, pero sí daño.
«Noticias falsas» no es lo mismo que desinformación
La expresión «noticias falsas» (fake news) se popularizó para describir contenido que imita el formato periodístico. Colombiacheck, en un explicador del 25 de enero de 2019, cita el diccionario Collins: información falsa, frecuentemente sensacionalista, diseminada bajo el disfraz de reportaje de noticias. Y señala que muchos expertos prefieren hablar de desinformación porque el problema no se limita a las noticias: incluye memes, cadenas de WhatsApp, audios, imágenes manipuladas y rumores. Por eso esta guía usa «desinformación» como término general y reserva «noticia falsa» para los casos que de verdad parecen una nota informativa.
Infodemia: demasiada información al mismo tiempo
El término infodemia entró al uso general durante la pandemia. La Organización Mundial de la Salud lo define en su página de tema como demasiada información, incluida información falsa o engañosa, en entornos digitales y físicos durante un brote de enfermedad. En la declaración conjunta del 23 de septiembre de 2020 sobre cómo gestionar la infodemia de la COVID-19, la OMS y otros organismos la describieron como «una sobreabundancia de información, tanto en línea como fuera de ella», y precisaron que incluye los intentos deliberados de difundir información falsa que socavan la respuesta de salud pública.
La idea es útil más allá de la salud: cuando hay más información de la que una persona puede revisar, el esfuerzo de comprobar cada dato aumenta y los atajos (confiar en el titular, en el contacto que reenvía, en la imagen impactante) ganan terreno. Ese es el terreno en que prosperan la desinformación y los errores de buena fe.
La palabra une «epidemia» e «información», según la editorial de la Revista Panamericana de Salud Pública de 2021. Gunther Eysenbach afirma, en una editorial de 2020, que acuñó los términos «infodemiology» e «infodemic» en 2002. La OMS la puso en el centro del debate público el 15 de febrero de 2020: en la Conferencia de Seguridad de Múnich, su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo que no solo se luchaba contra una epidemia sino contra una infodemia, y que las noticias falsas se propagan con más rapidez y facilidad que el virus.
Desde entonces la OMS habla de gestión de la infodemia, que define como el uso sistemático de análisis y enfoques basados en el riesgo y la evidencia. Su página de tema enumera cuatro actividades: escuchar las inquietudes y preguntas de las comunidades, promover la comprensión del riesgo y del consejo de los expertos en salud, fortalecer la resiliencia frente a la información errónea y comprometer y empoderar a las comunidades para que actúen. Para las personas, la campaña «Pause. Take care before you share» pide dedicar tiempo a verificar las fuentes antes de decidir si se comparte un contenido.
Por qué circula: el desorden informativo
El conjunto de las tres categorías, más las condiciones que facilitan su circulación, se conoce como desorden informativo. Wardle y Derakhshan lo analizan en tres elementos (el agente, el mensaje y el intérprete) y en tres fases (creación, producción y distribución). Un contenido puede ser creado por alguien con un fin político o económico, convertirse en un mensaje que apela a la emoción y ser reenviado por miles de personas que no tienen ninguna intención de dañar. La explicación completa del desorden informativo y de su intención desarrolla ese marco y los motivos de quienes crean estos contenidos.
Quién verifica en Colombia
Varios equipos hacen verificación de información en el país. Los datos que siguen salen de sus propias páginas.
Colombiacheck
Se presenta como un proyecto de Consejo de Redacción, una organización sin ánimo de lucro y no partidaria. Declara ser firmante de la International Fact-Checking Network y su página lista las fuentes de financiación desde 2019, entre ellas Meta, IFCN-Poynter y Microsoft. Según su página «Sobre nosotros», el proyecto empezó en 2015; la prensa especializada fecha su lanzamiento en 2016, de modo que lo más prudente es decir que nació entre 2015 y 2016.
Detector de Mentiras, de La Silla Vacía
La Silla Vacía lo describe como la primera unidad de verificación de datos del país. Empezó en 2014 verificando afirmaciones de campaña y hoy cubre también redes sociales y discurso público. Ofrece un asistente en WhatsApp, DetecBot, y publica una página «Cómo funciona» para explicar su escala de calificación.
AFP Factual
La agencia AFP mantiene periodistas de verificación que cubren Colombia. Como en los demás casos, la calificación de una afirmación debe leerse junto con la explicación que la acompaña, no solo con la etiqueta.
Cómo funciona el fact checking
La metodología de Colombiacheck sirve de ejemplo porque está publicada. Distingue dos procesos.
- Chequeo de discurso público (seis pasos): elegir una frase; consultar al autor; compararla con fuentes oficiales y confiables; consultar fuentes alternativas y expertas; contextualizar; y calificar.
- Chequeo de desinformación (cinco pasos): elegir el contenido por su relevancia y alcance; analizar cada elemento con datos; contrastar fuentes; contextualizar; y explicar la ruta y las razones de la calificación.
La escala vigente desde el 23 de noviembre de 2018 tiene cinco categorías: Verdadero, Verdadero pero…, Cuestionable, Falso e Inchequeable. Y la organización afirma que en ningún caso emite opiniones: califica afirmaciones con evidencia.
A escala internacional, el código de principios de la IFCN establece cinco compromisos que cualquier verificador firmante asume:
- no partidismo y equidad;
- estándares y transparencia de las fuentes;
- transparencia de la financiación y de la organización;
- estándares y transparencia de la metodología;
- una política de correcciones abierta y honesta.
Leer esos compromisos sirve de criterio también para quien consume verificaciones: un equipo que no explica cómo trabaja, quién lo financia o cómo corrige sus errores da menos garantías que uno que lo publica todo.
Lo que dicen la Constitución y la Corte Constitucional
El artículo 20 de la Constitución Política garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información «veraz e imparcial» y la de fundar medios masivos de comunicación, que son libres y tienen responsabilidad social. Garantiza también el derecho a la rectificación en condiciones de equidad y establece que no habrá censura.
En la sentencia T-588 de 2006 (27 de julio de 2006), la Corte Constitucional examinó el alcance de esa veracidad e imparcialidad. Recogiendo su propia jurisprudencia (SU-1723 de 2000), señaló que no se exige que la información sea estrictamente verdadera: lo que se espera es una verificación razonable por parte de quien informa.
La sentencia SU-420 de 2019 (12 de septiembre de 2019) trató las tutelas entre particulares por publicaciones en redes sociales. La Corte afirmó que lo publicado en redes está amparado por la libertad de expresión pero también sujeto a sus límites, y fijó requisitos para que la tutela proceda, entre ellos que el afectado haya pedido antes el retiro o la rectificación al autor y reportado el contenido a la plataforma. Esta guía no resume más allá de eso: quien necesite aplicar la sentencia a un caso concreto debe leerla completa o consultar a un abogado.
Cómo identificarla: la desinformación paso a paso
El procedimiento que sigue combina las recomendaciones de Colombiacheck y UNICEF Colombia con la investigación sobre lectura lateral. Ninguna regla aislada es infalible; el objetivo es reducir la probabilidad de compartir algo falso.
1. Leer el contenido completo y revisar la fuente
Un titular rara vez cuenta toda la historia. Antes de compartir, conviene abrir el texto, ver quién lo firma, qué dice la sección «Acerca de» del portal y si la fuente es identificable. Una página sin responsables claros es una señal de alerta, igual que un titular en mayúsculas que apela a la rabia o al miedo.
2. Hacer lectura lateral
El estudio de Wineburg y McGrew (Stanford, 2017) comparó a 10 historiadores, 10 verificadores profesionales y 25 estudiantes de Stanford. Los verificadores abandonaban rápido el sitio que evaluaban y abrían otras pestañas para ver qué decían terceros sobre él, y llegaron a mejores conclusiones en menos tiempo. La pregunta clave es: ¿qué dicen otras fuentes? Civic Online Reasoning, el programa de Stanford, ofrece lecciones gratuitas con ese enfoque.
3. Buscar si otros medios publicaron lo mismo
Si un hecho es grande, lo cubrirán varios medios. Si un solo portal desconocido lo publica y ningún otro lo menciona, esa ausencia es un dato.
4. Revisar la fecha
Una nota verdadera de hace años puede circular como si fuera de hoy. Colombiacheck recomienda comprobar si el contenido es reciente. En imágenes y videos, la búsqueda inversa permite ver cuándo apareció por primera vez.
5. Usar la búsqueda inversa de imágenes
Según la ayuda de Google, se puede subir un archivo, arrastrarlo, pegar la dirección de la imagen o, en Chrome, hacer clic derecho y elegir la opción de Google Lens. Los especialistas en verificación visual la usan para responder tres preguntas: si la imagen ya apareció antes, cuándo y dónde se publicó por primera vez, y si fue modificada.
6. Comprobar las cifras en su origen
UNICEF Colombia recomienda indagar por las cifras. Cuando un dato estadístico circula sin fuente, el paso práctico es buscarlo en la entidad que produce esa estadística: el DANE, por ejemplo, es la entidad encargada de producir y comunicar la información estadística oficial de Colombia. Hay que mirar el año, la unidad y cómo define la entidad el indicador. Un ejemplo con datos reales de conectividad está en la página de datos sobre la brecha digital.
7. En elecciones, distinguir preconteo y escrutinio
En jornadas electorales abundan los mensajes que presentan como definitivos resultados parciales. El preconteo tiene carácter únicamente informativo; el escrutinio, que realizan las comisiones escrutadoras y el Consejo Nacional Electoral, es el que oficializa los resultados.
El riesgo en el ecosistema de medios
Un estudio de Ceper y el Global Disinformation Index sobre 34 sitios de noticias colombianos, citado por la Universidad de los Andes, clasificó el 44 % con riesgo mínimo o bajo de desinformación, el 40 % con riesgo medio y el 12 % con riesgo alto. La misma nota recoge datos de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP): 753 periodistas amenazados y cinco asesinados en cuatro años. Son mediciones de contexto: una sobre el riesgo de los sitios, otra sobre las condiciones en que trabaja la prensa. Ninguna cuenta cuánto contenido falso circula.
Cómo leer una calificación de verificación
Una calificación resume una conclusión sobre una afirmación concreta, no sobre la persona que la dijo ni sobre todo el contenido que la rodea. Con la escala de Colombiacheck (Verdadero, Verdadero pero…, Cuestionable, Falso, Inchequeable) conviene leer tres cosas además de la etiqueta. Primero, la frase exacta que se verificó, porque una afirmación puede parecerse a otra y ser distinta. Segundo, las fuentes que se usaron y si se pueden consultar. Tercero, la fecha: una calificación es válida para los datos disponibles cuando se publicó, y un dato puede actualizarse.
La categoría «Inchequeable» merece mención aparte. Reconoce que hay afirmaciones que no pueden contrastarse con evidencia accesible, y es preferible a un veredicto forzado. Algo parecido recoge la Corte Constitucional en la sentencia T-588 de 2006, citando su propia jurisprudencia: no se exige que la información sea estrictamente verdadera, sino que quien informa haya hecho una verificación razonable. La diferencia entre un error de buena fe y una invención deliberada importa tanto para la jurisprudencia como para el vocabulario de Wardle y Derakhshan.
Tres casos de ejemplo (hipotéticos)
Los casos siguientes son inventados para mostrar cómo se aplican las categorías. No describen hechos reales.
- Un audio reenviado por un familiar. Una persona recibe un audio que advierte de un supuesto cierre de vías y lo reenvía sin comprobar nada, convencida de que ayuda. El contenido es falso y no hay intención de dañar en quien lo reenvía: es información errónea. Si el audio fue fabricado por alguien para provocar pánico, esa persona es el agente de una desinformación, y quien reenvía es un intérprete que la propaga sin saberlo.
- Una cifra descontextualizada. Un mensaje afirma que «solo cuatro de cada diez hogares colombianos tienen internet». La cifra se acerca a otras mediciones de años o zonas concretas, pero no coincide con la más reciente: según el DANE, en 2025 el 73,9 % de los hogares tenía conexión, y en centros poblados y rural disperso, el 56,9 %. El error no está en inventar un dato, sino en presentar como actual uno de otra fecha o de otra zona. La verificación consiste en ir a la tabla, mirar el año, la unidad y la definición del indicador.
- Un dato real usado para acosar. Alguien publica la dirección de una persona, que es un dato verdadero, para que otros la hostiguen. No hay falsedad, pero sí intención de dañar: es malinformación. Aquí la verificación de hechos no ayuda; las herramientas son las normas de protección de datos y las plataformas, como se explica en la sección de derechos digitales.
Errores frecuentes al verificar
- Quedarse en la misma página. Revisar el «Acerca de» del sitio que se evalúa no basta; el estudio de Stanford sobre lectura lateral encontró que los verificadores profesionales salían del sitio rápido y buscaban qué decían terceros sobre él.
- Fiarse de la fuente de contacto. Que un mensaje llegue de una persona de confianza no lo convierte en cierto, y es la vía por la que un error de buena fe se vuelve masivo.
- Creer que una imagen real prueba un hecho. Una fotografía auténtica puede haberse tomado en otra fecha o en otro lugar. La búsqueda inversa responde cuándo y dónde apareció por primera vez.
- Confundir lo informativo con lo oficial. En elecciones, el preconteo es solo informativo; el escrutinio oficializa los resultados.
- Tratar una calificación como una opinión. Las organizaciones de verificación afirman calificar afirmaciones con evidencia. Discutir el método es legítimo; leerlo como opinión es un error de lectura.
Responsabilidad de quien informa y de quien comparte
El artículo 20 de la Constitución describe a los medios como libres pero con responsabilidad social, y reconoce el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. Es el equivalente, en el plano jurídico, del quinto compromiso del código de la IFCN: una política de correcciones abierta y honesta. En el caso de las publicaciones de particulares en redes, la sentencia SU-420 de 2019 pone un orden: primero se pide el retiro o la rectificación al autor y se reporta el contenido a la plataforma, y solo después, si se cumplen los demás requisitos, procede la tutela. Esa secuencia refleja una idea práctica que sirve también fuera de los tribunales: lo más eficaz suele ser corregir donde circula el contenido.
Desinformación y salud pública
La infodemia nació como concepto en el terreno de la salud porque allí los efectos son medibles: la declaración de septiembre de 2020 de la OMS y otros organismos vincula la sobreabundancia de información y los intentos deliberados de difundir información falsa con la respuesta de salud pública. La lección general es que el costo de un contenido erróneo no depende solo de su falsedad, sino del momento y del tema. Un rumor sobre una receta de cocina circula igual que uno sobre un medicamento, pero las consecuencias son distintas. Por eso los equipos de verificación priorizan, como indica el primer paso de su proceso de desinformación, los contenidos por su relevancia y alcance.
Qué no puede hacer la verificación
La verificación no impide que algo circule y no garantiza que la aclaración llegue a quienes vieron el contenido original. Tampoco sustituye a la lectura crítica de cada persona. Su utilidad está en dejar un registro público, con fuentes y método, al que se puede acudir después, y en ofrecer a quien duda un contraste rápido. Por eso las comprobaciones de esta guía están pensadas para hacerse en minutos y antes de reenviar.
Una lista de comprobación para usar antes de compartir
Las siete comprobaciones anteriores están reunidas en una lista de comprobación imprimible, pensada para tenerla a mano al recibir un contenido dudoso. Conviene aplicarla incluso a lo que llega de contactos de confianza: el reenvío de buena fe es, precisamente, el mecanismo por el que un error de buena fe se vuelve masivo.
Para entender mejor los conceptos que aparecen en esta guía (infodemia, desorden informativo, fact checking, ddhh) está el glosario, y la relación entre libertad de expresión y otros derechos en entornos digitales se explica en la sección de derechos digitales.